Economistas prevén ajuste al alza en crecimiento e inflación, y aceleración en aumento de tasa de interés

En el nuevo escenario base que incorporaría el Informe de Política Monetaria (IPOM) de septiembre, el Banco Central (BC) corregiría al alza la proyección de crecimiento del PIB de 2021, desde un rango de 8,5% a 9,5% en el reporte de junio, a uno entre 9,5% a 10,5%, elevando también el pronóstico de inflación hasta niveles de 4,6% al cerrar el año. Estas son las previsiones de economistas jefe de cinco instituciones del mercado financiero, quienes apuntan a una aceleración en el proceso de alza de la tasa de interés de política monetaria (TPM), actualmente en 0,75%

Desde el BCI, Sergio Lehmann prevé que el BC comunicará que deberá acelerar el proceso de recalibración del estímulo monetario, reconociendo que la economía ha mostrado un mayor dinamismo del previsto, el que se refuerza con la extensión del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia). ‘Ello implica que el mayor compromiso de recursos públicos deja menos espacio para la contribución del lado monetario en la recuperación de la economía’, sostiene.

Según sus estimaciones, la TPM llegaría a fin de año a 2%, alcanzando a entre 2,5% y 2,75% en 2022, para posicionarse en su valor neutral de 3,5% en 2023.

En el Grupo Security, la previsión de Felipe Jaque es que la TPM cierre este año en 1,75%, con un incremento de 100 puntos base en 2022 y un mensaje que apunte a incrementos futuros más cercanos a las expectativas actuales del mercado. Mensaje que en su opinión no debiera tener mayor impacto en las tasas de corto plazo, pero podría incidir en algún aumento de las tasas en UF de mediano plazo.

La presentación del IPOM ante el Senado tendrá lugar el miércoles 1 de septiembre, el mismo día en que debe votarse el cuarto retiro de fondos previsionales en la comisión de Constitución de la Cámara de Diputados, iniciativa que, según expresiones del presidente del instituto emisor, Mario Marcel, constituye una de las principales amenazas en la recuperación de la economía.

‘De prevalecer las discusiones sobre los retiros parciales y/o totales de fondos previsionales, las tasas de largo plazo continuarán subiendo’, apunta Claudia Sotz, de Tanner, ya que la expectativa que se genera es que las AFP deben desprenderse de activos para disponer de la liquidez necesaria. Visualiza que el desafío más grande para la política monetaria se dará en 2022, porque se mantendrán las presiones inflacionarias y el crecimiento no será tan boyante como este año.

Por otro lado, aunque una política monetaria contractiva contribuye a tener un tipo de cambio más apreciado, la economista estima que en el peso prevalecerán la influencia del fortalecimiento del dólar a nivel global y la incertidumbre local hacia fines de año, que llevarían el tipo de cambio a un rango de entre $780 y $800 por dólar.

Lehmann piensa que el BC va a reiterar los riesgos para la economía y su mercado de capitales de un cuarto retiro de fondos de pensiones, lo cual haría necesario un rápido retiro del estímulo monetario para contener las presiones inflacionarias. Además, ‘haría ver que esto llevaría a nuevas alzas en las tasas de más largo plazo, determinando un encarecimiento de los créditos, debilitando la inversión y el financiamiento hipotecarios’, agrega.

Para Rodrigo Aravena, del Banco de Chile, es esperable que el IPOM enfatice los riesgos sobre la estabilidad financiera que se generan ante medidas como nuevos retiros de fondos de pensiones y de rentas vitalicias, las cuales tienen un impacto creciente sobre los mercados y donde la política monetaria tiene un escaso rol para mitigar esos efectos.

El economista plantea diversas razones para estar preocupados por la inflación, entre ellas, la política fiscal expansiva, cuya expansión del gasto es cercana al 30%, que se suma al efecto de los retiros de ahorros previsionales y a las presiones de precios externas, lo que llevaría a que la inflación supere el 3%, al menos por un par de años.

En ese contexto, Aravena prevé que el Central acelere los aumentos de la TPM, llevándola a un valor de 3% e incluso más, durante 2022, pese a la desaceleración que se espera en la economía para el próximo año. Esto llevaría a una potencial inconsistencia, donde ‘la política monetaria tendría que ser más contractiva para compensar la expansividad de la política fiscal’, advierte.

Para 2022, la clave será la política fiscal, subraya Claudio Soto, del Banco Santander. Con un gasto que crecerá más de 30%, el déficit fiscal alcanzará a 8% del PIB, y para evitar una trayectoria divergente de la deuda se requerirá de un fuerte ajuste del gasto que —de no mediar rebrotes significativos de la pandemia— debiese caer a tasas de dos dígitos, provocando un freno en la demanda y una desaceleración del PIB.

Su percepción es que, en la medida que los cuellos de botella en las cadenas globales se vayan normalizando, deberían moderarse las presiones de costos sobre los precios, por lo cual la inflación en 2022 cerraría por debajo del 4%. En ese escenario, cree probable que el próximo año no veamos alzas tan significativas en la TPM como las que hoy está viendo el mercado.

Con todo, Soto plantea que más allá de la pandemia, el principal riesgo es en el plano fiscal y que el presupuesto fiscal 2022 se mantenga con un gasto muy alto, elevando rápidamente la deuda, caso en el cual el BC debería ser más agresivo en el incremento de la tasa.

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