Activos residenciales de renta, ¿siguen siendo un refugio financiero?

El Covid-19 ha dado un golpe brutal a los inversionistas. Las bolsas, el petróleo y el cobre han seguido una espiral descendente. Salvo raras excepciones, todo ha caído de precio. En el largo plazo los activos inmobiliarios residenciales han sido un refugio de valor. ¿Seguirán siéndolo durante y después de la crisis sanitaria?

En el mediano plazo, las perspectivas para los activos residenciales siguen siendo buenas. Aquí es donde el crecimiento de los hogares en Chile y su efecto en la demanda habitacional son clave. Los hogares vienen reduciendo su tamaño de manera sostenida en los últimos 30 años y crecen más rápido que la población, especialmente aquellos de una y dos personas. Éstos seguirán creciendo durante los próximos diez años en torno a 100.000 nuevos hogares por año. Esta tendencia impulsará la demanda por viviendas una vez que nos recuperemos.

Debemos pensar también cómo cambiará el consumidor después de esta crisis. ¿Habrá más trabajo a distancia? Es razonable pensar que sí. ¿Habrá entonces menos interés por vivir en los centros urbanos? ¿Habrá interés en superficies más grandes que permitan trabajar en ellas? ¿Habrá más interés por casas? No lo sabemos, pero es lo que hay que empezar a pensar hoy para los desarrollos futuros.

La crisis afectará también la decisión compra-arriendo. En el corto plazo hay un efecto doble. Por un lado, la incertidumbre disuade a muchos hogares de comprar y podría entonces impulsar el arriendo. Al mismo tiempo, la falta de empleo o eventuales disminuciones en los ingresos de las familias podría reducir la capacidad de pagar arriendos.

Ahora, las familias necesitan un lugar donde vivir, lo que hace que el efecto en recesiones del mercado de renta residencial no sea tan severo. En este sentido, los activos residenciales son defensivos en comparación con otros activos inmobiliarios que muestran mayores niveles de prociclicidad. (El Diario Financiero)

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