Claves para entender mejor la obra de ANISH KAPOOR

 

Es uno de los artistas más influyentes de la actualidad. Y su obra seduce, impacta y también incomoda. Subyacen en ella la historia, el drama, la poesía, el rito, y una profunda preocupación por el ser humano. Contiene hasta inventos creados por el artista. Su primera muestra en Chile, en Fundación CorpArtes, estará abierta hasta septiembre.
El personaje: nació en Bombay y vivió en un kibbutz
Para entender mejor ese hacer y esa mirada tan particular del artista Anish Kapoor, que ha cambiado paradigmas de la escultura, es bueno conocer algo de su historia. Y aunque él se resiste a cualquier tipo de ‘encasillamiento de artista exótico o inmigrante’, el hecho es que nació en Bombay, en 1954, solo siete años después de la independencia de su país. Hijo de indio y de madre judía iraquí, vivió sus primeros 16 años allí. Admite que conoció bien los grandes templos y sobre todo las tradiciones escultóricas de su país, ‘verdaderamente relevantes’, que lo influyeron. Y los colores de las ceremonias y ritos indios reaparecen en sus trabajos. Permaneció después, entre 1971 y 1973, en un kibbutz en Israel. Viajó con su hermano a estudiar ingeniería, pero las matemáticas no eran su fuerte y se dirigió a Londres. ‘Ingresé a estudiar arte a la Chelsea School of Arts and Design y allí encontré que podía dar curso a mi interés por el ser humano’. Su preocupación por lo espiritual y el rito viene de algún modo de la India y de su familia. Ambas culturas subyacen en la amplitud y riqueza de su mirada, en esa búsqueda profunda y renovadora. Y en lo personal, sin entrar en lo político contingente, da su apoyo a la causa de los inmigrantes. Al ganar el Premio Génesis de Israel, lo donó íntegro a organizaciones que se preocupan de los refugiados. Este padre de dos hijos mantiene a su vez una austeridad y sencillez de vida, a pesar de sus conocidos éxitos. Contrario a materialismos extremos, cuenta que su rutina en Londres es muy semejante: ‘Cada día visto casi igual (jeans, zapatillas), desayuno y como más o menos lo mismo, voy siempre al taller a las mismas horas para crear algo. Para mí, el estudio es una práctica. Nada perturba mi rutina de trabajo, aunque en ello busco que suceda algo justamente inesperado’. Y su personalidad distendida y ‘también apasionada’ le permite afrontar trabajos de enorme magnitud y complejidad… En el Reino Unido integra la generación llamada de la Nueva escultura contemporánea británica, que conforman también Richard Deacon y Anthony Cragg. n Amplía los límites del arte Las obras de Anish Kapoor amplían la mirada y acción de la escultura. Es reconocido por expandir los supuestos límites del lenguaje de ese arte. Y lo hace en diálogo con el espacio, el paisaje y con la arquitectura, algunas veces hasta se inserta en ella. Su arte se relaciona, además, en ocasiones con la ingeniería. Toma de la ciencia y la tecnología. Y subyace en ella la historia colectiva y la personal. Y lo espiritual: le preocupan las profundidades del ser humano, y los ritos y la poesía son esenciales. En la muestra, en la Fundación CorpArtes sobresale el carácter poético de esa silenciosa y hermosa instalación escultórica con rocas (de 800 y 900 toneladas de peso), que fueron traídas de China y esculpidas por la acción de las aguas. Kapoor las impregnó con ese pigmento azul intenso inventado por él. Otra obra sutil y famosa es ‘Cuando estoy gestando’, cuya forma de un vientre surge en una pared de la sala. Mientras, el enorme trabajo en metal que se despliega en la explanada exterior del recinto, y que fue hecho para Chile, se interna en el edificio mismo. Realizado a partir de unas turbinas de la Rolls Royce similares a las que tenían los aviones que bombardearon La Moneda, el tubo de metal de ese trabajo baja hasta la exposición ubicada en el subterráneo… Kapoor ha ido evolucionando desde un posminimalismo, con obras más pequeñas, hasta trabajos de formato monumental. Algunas que pueden ser hasta consideradas efectistas, como el cañón que dispara cera roja pero conlleva una metáfora de carácter sexual y, sobre todo, se refiere a cómo ocupar el espacio a través de ese proyectil que arroja toneladas de cera roja desde una esquina, explica Kapoor. n El proceso de la materia como rito ¿Y cómo crea Kapoor sus esculturas? ‘No hay un planteamiento intelectual’, afirma. Ni tampoco sus obras parten de lo que le inspiran los materiales o sus colores. ‘La escultura va desarrollándose durante el proceso’. Y el trabajo que va haciendo con la materia adquiere un estatus de rito. ‘La gran fuerza dramática de sus obras tiene carácter ritual’, subraya el curador Marcello Dantas. Pero para Kapoor, ‘donde hay materia, hay también una no materia’. El artista de 65 años se pregunta y aborda, a su vez, la inmaterialidad. Se interroga por la idea del vacío, lo que puede apreciarse en sus cuadrados en las paredes, que también diluyen el color original y, dependiendo de la cercanía o alejamiento del espectador, se ve negro o más azulado. Kapoor subvierte, al mismo tiempo, la relación con las formas y el espacio. En ello ocupan un lugar especial sus creaciones con espejos de acero, las que transfiguran la percepción de la realidad. Ello se experimenta en la instalación ‘Doble Vértigo’, que da la bienvenida a la muestra. Otro material propio de Kapoor es la cera. Se trajeron toneladas de ella en un barco a Chile. Es casi siempre roja y es fabricada de una manera secreta y especial. Protagoniza varias de sus esculturas de mayor envergadura en la exposición en CorpArtes. Como la monumental ‘Svayambhu’, titulada en sánscrito, la que sutilmente se mueve con su enorme bloque escultórico de cera roja. Está en creación permanente. Y no ha podido emplazarse en varios otros lugares, pues requiere de mucho espacio. Evoca una relación con la muerte y, para algunos, metaforiza incluso la entrada a uno de los campos de exterminio creados por los nazis, con la llegada del tren y esas líneas de ferrocarril que se dibujan en el suelo… También está presente una obra inmaterial: un trabajo virtual de Kapoor. Tiene mucho de rito y poesía. El artista lo planteó como un viaje dentro de su propio cuerpo. Y el espectador puede internarse ahí por breves momentos en paisajes de mucha paz, pero muy luego se sume en un interior orgánico que incomoda. Anish, no obstante, se resiste a volcar su arte hacia lo tecnológico. No lo seduce. Es más, reconoció en Santiago que quisiera regresar a su origen: ¡volver a pintar!’. n Colores creados por él: ‘El negro más negro del universo’ El uso de determinados colores muy propios de Kapoor caracteriza su lenguaje genuino, el que sigue asociado a la pintura. Los colores funcionan como una escultura en sí misma. Y trabaja la vibración de los colores primarios. Pero hay más: esos azules, rojos y amarillos brillantes remiten al festival de colores y ceremonias de su India natal, donde los participantes se arrojan colores en polvo… De hecho, entre sus obras más hermosas y celebradas están sus cerros de arenas con pigmentos de azules intensos y otros colores, que brillaron en su retrospectiva en el Museo Guggenheim de Bilbao, hace unos años. En Santiago, detienen las rocas con pigmento azul. Ese azul intenso que permanece en la retina y que Kapoor lo creó con fórmulas especiales. Hizo algo similar con ese rojo sangre. Y también con el negro rotundo que aparece en muchas de sus piezas y que subraya ‘es el negro más negro del universo’. Obtener la patente de la invención de ese negro le ha valido polémicos juicios. Lo trabajó con fórmulas excesivamente complejas y técnicas, ‘es algo sumamente complicado de lograr, por eso tiene una patente’, se defiende Kapoor. n Éxito precoz La escultura más conocida del artista indio- británico en el mundo es ‘Cloud gate’ (2004-2006), considerada un símbolo en la ciudad de Chicago. Esa gran obra, de 22 metros por 12 de altura, creada a base de placas de acero como espejos, semeja una gran nube que dialoga con los peatones y con el paisaje. Los incorpora y se transfigura. Y cambia con las estaciones. Se mimetiza sea con la nieve, con las hojas del otoño, con el cielo y/o con la vegetación cercana. El ganador del Premio Turner 1991 tiene una obra pública también en Nueva York —’El espejo del cielo’ en el Rockefeller Center—, y en muchas otras ciudades del globo. Con una trayectoria asombrosa, a los 36 años fue elegido para representar al Reino Unido en la Bienal de Venecia, y a los 37 años ganó el Premio Turner. Su exposición en la Tate Modern, en 2002, ‘Marsyas’, jugó con la escala humana y fue una de las más visitadas. Fue invitado a participar en la Documenta IX y para desplegar su obra necesitó de la construcción de un edificio. Pero también ha tenido sus caídas. Para una parte de la crítica europea y estadounidense, esa extraña torre roja, ‘Orbit’, que hizo para los Juegos Olímpicos de Londres es una de ellas. Una torre curva a la que después el alcalde de Londres terminó agregándole hasta un refalín. Ante ello, Kapoor se distanció: ‘No quise perder el tiempo en una disputa’. Además, su participación con una pieza que emplazó en los jardines de Versalles fue leída como un insulto a la Reina Isabel, lo que valió hasta proclamas antisemitas contra su persona, uno de los máximos referentes del arte mundial.

Comentarios

Powered by Facebook Comments