San Joaquín, Recoleta e Independencia presentan las mayores alzas en valores de arriendo desde 2018

La lista incluye complejos habitacionales, recintos deportivos, una fábrica de escobillas y establecimientos educacionales.

Independencia ha tenido un acentuado protagonismo en la historia de la capital. Desde antes de la llegada de los españoles, la avenida principal que da nombre a la comuna sirvió de pasadizo para los habitantes aborígenes y permitió que los incas extendieran su famoso camino.

En la etapa colonial facilitó la conectividad con el norte del país, luego fue la vía por la que entró el ejército libertador tras la batalla de Chacabuco y más tarde su entorno frondoso incentivó la instalación de órdenes religiosas y recintos de salud pública. Allí llegaron los inmigrantes internos y externos, y la mano de obra comenzó a organizarse en cooperativas o mutuales, de las que surgieron innumerables proyectos habitacionales que aún forman parte de la fisonomía comunal.

El actual emplazamiento –conocido antiguamente como La Cañadilla– alberga innumerables hitos que hablan de un pasado muy presente, pese a la invariable arremetida inmobiliaria. La constatación de esta realidad es uno de los objetivos de Arquitectura patrimonial de Independencia. Una mirada histórica y urbana desde el siglo XXI, publicación editada por Ocholibros, de los autores Dante Figueroa, Alicia Campos, Patricio Duarte, Antonio Sahady y Macarena Cares.

El volumen está estructurado en capítulos que aluden a la funcionalidad de las edificaciones catastradas y a los testimonios obtenidos de los habitantes, residentes e instituciones. La división comprende conjuntos habitacionales, recintos deportivos, establecimientos educacionales, industrias, espacios de recreación, templos e instituciones de asistencia sanitaria.

La categoría más abultada considera barrios, pasajes y poblaciones que están vigentes y cumpliendo el propósito original de residencia en un sector que poco a poco sufre alteraciones por proyectos inmobiliarios en altura. De hecho, en diez años, hubo un aumento de 1.950 por ciento de estas construcciones, que según los autores ‘alteran la lógica arquitectónica’.

‘Lo que le da el sello a Independencia son varias cosas. Primero, existe una historia profunda que está dada por su vocación constitutiva en términos de ser base del desarrollo de las organizaciones de salud, el deporte y la cultura’, describe el historiador Dante Figueroa, uno de los autores del libro.

Añade que ‘más que especificidades y diferencias arquitectónicas, refleja el desarrollo de la vivienda social en Chile, que permitió a personas asociadas en gremios, gente humilde, acceder a mejores condiciones de vida. Esas viviendas hoy son conjuntos de excelencia, con buenos materiales constructivos, espacios amplios y que han soportado varios terremotos en Santiago y aún se mantienen en pie’.

–Los habitantes están convencidos de la utilidad de la conservación.

–Obviamente que lo están. La gente ve el avance inmobiliario desmedido y entiende la importancia de conservar y preservar. Por ejemplo, el sector recién declarado Zona Típica, que es Plaza Chacabuco, está rodeado de decenas de edificios por su cercanía con la nueva estación del metro. Los vecinos nos organizamos – yo soy dirigente del barrio– y logramos junto a las autoridades que el Consejo de Monumentos Nacionales la reconociera por ley. Son más de treinta hectáreas que incluyen el Estadio Santa Laura, el frontis del Hipódromo Chile y la misma Plaza Chacabuco.

 

 

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