Conserjes significan hasta el 55% del total del gasto común

Como mínimo, una comunidad debe contar con cinco personas para cubrir semanalmente la portería. La legislación exige que todos estos trabajadores tengan un curso de seguridad y al menos uno por edificio o condominio cuente con un certificado de operador de calderas. Ayudar con las compras del supermercado o entregar el diario a los vecinos no está dentro de sus funciones, de acuerdo con la normativa
MI METRO CUADRADO

Hay cerca de 125 mil conserjes a lo largo del país, según los cálculos del Colegio de Gestión y Administración Inmobiliaria de Chile (CGAI). Como mínimo, una portería —sea de un edificio o condominio de casas— necesita de cinco personas en su equipo para cumplir con el tope de 45 horas laborales a la semana que exige la ley.

Un trabajador para la jornada de la mañana y otro para la tarde de lunes a sábado, más un nochero de lunes a viernes, y sus respectivos reemplazos: alguien que cubra el día domingo y otro que se quede el fin de semana en la noche. En los turnos de día, son tres las principales labores que realizan los conserjes: preocuparse de que las maquinarias y equipos estén en buen estado, cuidar los espacios comunes y hacer un control del ingreso y salida de personas en la comunidad.

En los edificios grandes, cuentan con el apoyo de auxiliares de aseo y un mayordomo, quien hace rondas permanentes. Sin embargo, es frecuente que los propios vecinos les exijan tareas adicionales, que no están dentro de sus atribuciones. ‘Los copropietarios, sintiéndose empoderados por pagar gastos comunes, creen que pueden pedirles comprar remedios, ir a dejarles el diario o subirles cosas. Pueden hacerlo como una manera de ser amables, pero no está dentro de sus funciones’, explica el gerente general de la administradora Zócalo Uno, Guillermo Pizarro.

DEBEN SABER de incendios y primeros auxilios

‘Además de cumplir con sus tareas rutinarias, cuando hay un siniestro el conserje es el llamado a liderar la situación. Quien esté en la puerta es el que en ese minuto está a cargo de todo el edificio. Por lo mismo, mientras mayor preparación tenga es mejor’, dice Sergio Román, presidente del directorio del CGAI. Hay dos cursos mínimos que legalmente se exigen.

El primero es el de operador de caldera de calefacción por agua caliente, que debe ser acreditado por la seremi de Salud. ‘Al menos una persona del equipo debe tenerlo y el certificado de que aprobó debe estar en la sala de caldera, plastificado y colgado en un lugar visible’, dice Pizarro. La otra materia es la relacionada con la seguridad.

Este curso debe ser aprobado por todos los conserjes y quien lo valida es el OS10 de Carabineros. Según explican desde dicho departamento, la instrucción debe contar con un total de 32 horas: cuatro destinadas a primeros auxilios, ocho a materias legales 20 horas enfocadas en temas técnicos, como protección de instalaciones, sistemas electrónicos de seguridad y prevención de riesgos donde se tratan situaciones como atención postrauma y control de incendios, por ejemplo.

90% DE LOS CURSOS son financiados por la comunidad

Según un sondeo del CGAI —que hizo en agosto a 100 edificios de la capital—, el sueldo promedio mensual de un conserje es de $352 mil, aunque algunos llegan a ganar $540 mil. Pizarro complementa con que el ítem de remuneraciones significa mensualmente entre un 45% y 55% del total de los gastos comunes ordinarios. Distintos expertos coinciden en que es clave que los conserjes realicen estas capacitaciones; sin embargo, los registros del OS10 detallan que el 48% de las comunidades fiscalizadas en Santiago entre enero y octubre de este año cae en algún tipo de infracción (486 de 1.018), ya sea que hay alguien sin el curso aprobado, que no cuente con seguro de vida o con contrato de trabajo (ver infografía).

En dichos casos, la multa que cursa Carabineros ronda los $2,5 millones. Mientras, la seremi de Salud puede emitir un sumario sanitario contra la copropiedad inmobiliaria, representada por el administrador o por el presidente del comité de administración, con sanciones que comienzan en las 0,1 UTM (menos de $5 mil). A juicio de Román, muchas veces no se realizan las capacitaciones porque suponen un problema para la operación normal del edificio: ‘Quienes se deben perfeccionar tienen que ausentarse del trabajo y no hay cómo reemplazarlos, lo que causa reticencia’.

Para el asesor en seguridad privada y coronel en retiro Pedro Valdivia, la baja participación también pasa por un tema de presupuesto, ya que hay algunos edificios que no están dispuestos a hacer el esfuerzo. Rafael Escobar, director de la Escuela de Servicios Inmobiliarios Caleu, señala que en el caso de los cursos mínimos que exige la ley, en un 90% los costea la comunidad, aunque a veces también lo hacen los propios conserjes.

El curso para preparar la prueba del OS10 tiene un valor de $65 mil por persona, mientras que el de operador de caldera, cuya duración es de 24 horas, llega a $95 mil. También está la aprensión de que después de capacitarse, el trabajador se vaya, aunque Román aclara que eso no ocurre si se le paga acorde al mercado. ‘Lo ideal es que la persona jubilara en el edificio, pues conoce las rutinas y la gente habitual que entra y sale’, añade.

Comentarios

Powered by Facebook Comments